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Para
Reflexionar
por
Leonardo Esteban Cano |
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ABDUCCION
(INTRODUCCION)
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Un
automovilista avanza en total soledad por una carretera de
madrugada. Es sólo oscuridad y silencio, paz y quietud lo que
lo rodea en una noche donde, quizás, él es el único motorista
que ha pasado por allí. De pronto, de un costado de la ruta
emana un poderosísimo haz luminoso y el hombre, estupefacto,
ve de entre un bosquecillo elevarse, hasta entonces
inadvertido, un destellante OVNI (Objeto Volador No
Identificado) multicolor que en potentísimo despliegue acelera
y se pierde en lontananza.
Los ovnílogos conocen un sinnúmero de casos de este tenor, y
estoy seguro que cada uno que esté leyendo estas líneas no ha
podido evitar el acto reflejo de asociarlo con algún episodio
específico de su conocimiento. Y todo parece tan simple: una
nave extraterrestre ha sido "casualmente" observada en su
despegue por un circunstancial viandante. Tan sencillo como
eso. O no. Porque, para molestar, se me ocurre una pregunta: ¿porqué
tuvo el OVNI que despegar justo cuando pasaba el único
automovilista de esa madrugada?. De haberlo querido, el
despegar unos minutos antes o después lo hubiera mantenido en
el anonimato (lo que, por otra parte y si uno se atiene a las
periódicas "declaraciones" de estos pretendidos
extraterrestres, o la propia historicidad del fenómeno, es lo
que se reivindica permanentemente). Pero no. Es como si la
inteligencia detrás del OVNI hubiera estado esperando ese
momento. Como si lo hubiera hecho con toda intención de ser
visto por ese solitario y desprevenido testigo. Pero sólo por
un testigo.
O bien, también en horario fuera de lo común, dos amas de casa
de un suburbio ven descender con movimientos erráticos un OVNI
junto al cual, segundos después, se posa otro. De ambos sale
un grupo más o menos numeroso de aparentes tripulantes que se
dedican, afanosa y ostensiblemente, a "reparar" al primero de
los objetos, o por lo menos eso es lo que parece ser la
naturaleza de sus actos. Manipulan objetos con aspecto de
herramientas bajo y sobre la nave, acarrean cajas de variado
tamaño de uno a otro lado, incluso, ¡oh, bizarro anacronismo!,
la rutilante luminosidad de... puntos de soldadura es
arrancada de su superficie. Hasta aquí, todo parecería
absolutamente previsible, esperable y dentro de lo atípico de
la circunstancia, "normal". Pero sólo si no nos hacemos
ciertas incómodas preguntas. Por ejemplo: ¿Porqué siempre
resulta exitosa en tiempo y forma la reparación? (Alguien dirá
que las historias de "OVNIs estrellados" demuestran que "no
siempre" terminan satisfactoriamente; pero precisamente a eso
me remito. O se estrellan, o salen airosos.
¿Porqué no queda ningún resto material de semejante bricolage?.
Y, lo más importante, ¿porqué siempre la reparación termina
justo a tiempo?. A tiempo antes del inminente amanecer; a
tiempo antes que pase el primer bus de la mañana, a tiempo
antes que el policía de ronda, la patrulla de caminos o el
guardia privado acierte a pasar por el lugar. En suma, justo a
tiempo antes que aparezcan otros testigos.
De lo que queremos hablar, es que la experiencia OVNI tiene,
indudablemente, un componente físico: el OVNI (o lo que sea
que opera detrás de él) existe, deja huellas en el terreno,
altera motores, deja "blips" en las pantallas de radar. Pero
sus manifestaciones, por un proceso que lentamente trataremos
de ir desentrañando, tiene su realidad psicológica también.
Pero una realidad psicológica que trasciende el ideario
imaginativo como única causación. Dicho de otra forma; si bien
sería muy sencillo explicar estas manifestaciones como de
carácter alucinatorio simplemente (y, si se me permite, parto
del supuesto que hemos previamente eliminado los posibles
casos de fraude), existen ciertas preguntas que debemos
hacernos, y que demuestran que, si bien la explicación
psicologista resulta a priori culturalmente satisfactoria, es
sólo el producto de un paradigma, y si parece satisfacer con
prontitud el deseo de respuesta es sólo porque constituye una
explicación coherente más, pero no la única. O no tan
coherente, en tanto y en cuanto no responda a esos
interrogantes fundamentales.
Por ejemplo, la afirmación extendida de que ciertos
autodenominados "testigos de encuentros cercanos" dramatizan
un episodio de alucinación a partir del material que en el
Inconsciente anida relacionado con ello (películas, relatos de
diarios y revistas) es sólo digerible cuando sabemos que el
sujeto acumula cierto bagaje informativo sobre el particular.
Pero, ¿dónde deja eso a los miles de testigos analfabetos,
marginales de la cultura que jamás han visto una película y
menos sobre
extraterrestres?. ¿Qué pasa con las descripciones cuando
provienen, no sólo de avispados cosmopolitas, sino de
trashumantes saharianos, bantúes, aldeanos del altiplano,
indígenas chachapoias?. ¿Cuál sería en estos casos el "fundamento
cultural" de sus percepciones?. Y, más aún, ¿qué pasa con los
primeros testigos de los primeros tiempos, cualquiera que
éstos hayan sido?.
Seguramente algún lector echará mano aquí al argumento del
Inconsciente Colectivo, como gigantesca y atemporal "base de
datos" de la humanidad y de cuyos arquetipos (estructuras
eidéticas primarias) se alimentan todas las mitologías y,
dirán nuestros detractores, lógicamente también la saga de los
OVNI. Cuando Jung expresó la idea de que el OVNI, con su forma
circular, era un "mandala", símbolo de la totalidad, el
reencuentro con sí mismo, abrió las compuertas a un aluvión de
reduccionistas y simplistas: para ellos y desde entonces, el
OVNI fue sólo la expresión inconsciente de la angustia
existencial. Luego cerraron filas los freudianos, con su
hipótesis de que los OVNIs con forma de cigarro eran...
símbolos fálicos, emergentes de las carencias o represiones
sexuales de la gente. No nos han dicho qué hacer con los OVNIs
cúbicos, pentagonales, triangulares, pero no creo que haya
problema: como ciertos psicólogos son capaces de explicar
cualquier cosa, no dudo que no tardarán en construir una
remanida estructura dialéctica a la que denominarán "explicación".
Sólo que creo que se trata de un excelente y estimulante
concepto, sí, y no podemos desecharlo: tal vez los visitantes
que llegan en naves en forma oval o esférica expresen la idea
de totalidad, pero reconozcamos que hay que bucear en demasía
para encontrar unos pocos componentes arquetípicos en el
promedio de informes sobre OVNIs y, aunque los encontráramos,
son más bien abstracciones intelectuales, improbables de
inspirar una experiencia emocional vívida.
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