Esta historia está basada en
una idea del matemático francés Maurice Kraitchick. Cuando
la leí, pensé –una vez más– cómo puede ser que la matemática
tenga tan mala prensa.
Espero que disfrute de
este ejemplo que pone en evidencia cómo un simple recurso de
lógica permite obtener un resultado práctico inmediato. Acá
va.
Violeta, una niña de 12
años que virtualmente no sabe nada sobre ajedrez, observa
que su padre pierde dos partidas seguidas con sus dos
amigos, Alberto y Marcelo. Se acerca a él y le dice: “Papá,
te aseguro que yo podría hacer mejor papel que vos frente a
ellos. No sé mucho de ajedrez, pero me atrevo a jugarles a
los dos, incluso en forma simultánea, y estoy segura de que,
al menos, yo no voy a perder las dos partidas como vos. Es
decir: no te puedo decir que las voy a ganar las dos, pero
lo que te puedo garantizar es que seguro voy a hacer mejor
papel que vos”.
El padre la miraba
sorprendido, sin poder entender lo que decía Violeta, pero
la niña pareció subir la apuesta.
“Te propongo más, papá.
Como yo sé que Alberto se considera peor jugador que
Marcelo, decile que lo invito a que él juegue con piezas
blancas. Eso sí, frente a Marcelo, las blancas las quiero
llevar yo. Y les ofrezco que juguemos ambas partidas en
forma simultánea. Yo los enfrento a los dos al mismo tiempo.”
Eso fue lo que pasó. La
pregunta es: ¿por qué podía Violeta asegurar que tendría
mejores resultados que el padre con tanta seguridad?
Aquí es donde conviene que
me detenga un instante. Como es esperable, yo voy a escribir
una respuesta un poco más abajo, pero lo que le propongo es
que piense sola/o el planteo de la historia, y trate de
imaginar qué es lo que haría usted.
Más allá del cuento, lo
que importa son los datos: Violeta jugaría con Marcelo
llevando las piezas blancas, y con Alberto llevando las
piezas negras. El otro dato que se conoce es que ambas
partidas se jugarán en forma simultánea.
Y por último, aunque no lo
parezca, resolver el problema o contestar la pregunta es
hacer matemática. También.
Solución
Violeta juega contra
Alberto en el tablero uno con las piezas negras. En cambio,
contra Marcelo, en el tablero dos, Violeta juega con piezas
blancas.
Además se sabe que ambas
partidas son simultáneas.
Hace así. Espera que
Alberto haga la primera movida (y así tiene que ser porque
Alberto juega con blancas y el conductor de las piezas
blancas tiene que empezar el juego). No bien lo hace,
Violeta, hace la misma movida en el tablero dos, y esto está
bien, porque en el tablero dos, Violeta es quien juega con
blancas.
(Yo intuyo que a esta
altura usted ya descubrió cómo va a ser la respuesta, ¿me
equivoco?)
Antes de contestar en el
tablero uno, Violeta espera la respuesta en el tablero dos
que está obligado a hacer Marcelo, que juega con negras.
No bien Marcelo hace su
movida, Violeta reproduce lo que hizo Marcelo en el tablero
uno, en la partida con Alberto. Y así sigue todo el tiempo.
Ante cada movida de las piezas blancas que efectúa Alberto,
ella las va reproduciendo en el tablero dos con Marcelo, y
las respuestas de éste en el tablero dos las reproduce en el
tablero uno con Alberto.
¿Qué es lo que va a pasar?
Si empata una partida, también empatará la otra, y si
Alberto le gana la partida, implica que ella le ganará a
Marcelo y, por supuesto, también vale la recíproca. Es decir,
si es Marcelo quien gana su partida contra Violeta, entonces
ella le ganará a Alberto.
En cualquier caso, lo que
es seguro es que Violeta no va a perder las dos partidas
como le sucedió a su padre. Y eso, acá, es todo lo que
importa