Buenos Aires.
Muchos se han preguntado cómo sería una sociedad en que
existiera la telepatía. Hoy basta con ver a un niño o a un
adolescente tecleando furiosamente un teléfono celular para
saberlo: los SMS, siglas en inglés para mensajes cortos o
mensajes de texto telefónico, son la transmisión de
pensamiento en este siglo 21. Infierno y paraíso a la vez.
Para muchos padres peruanos, el "ahora tus hijos están más
seguros que nunca", que reza en una de las publicidades de
la filial de Movistar, aporta una serenidad paradisíaca: les
basta apretar un botón para saber dónde está su hijo y
hablar con él. Pero algunos padres argentinos o brasileños,
al sospechar cómo su hija de 14 o 15 años quizás se sigue
comunicando –vía SMS– con esa compañerita que ya probó
drogas, viven un pequeño infierno.
Estatus
Como ocurre en Japón, donde un tercio de los niños que están
en su sexto año de estudio posee celular, o en Finlandia,
donde casi todos los mayores de ocho años ya lo tienen, en
América Latina comienza a sentirse el aliento de la ola que
viene, la cual impactará fuertemente en los negocios y las
costumbres.
"Hoy, para quienes tienen 13 años, el celular es lo que hace
40 años fue el reloj y fumar: un símbolo de estatus", dice
el argentino Alejandro Prince, cabeza de la consultora de
tecnología y consumo Prince & Cook, de Buenos Aires. Para
él, que las compañías y los fabricantes de aparatos apunten
cada vez más hacia los niños menores de 12 años tiene que
ver con mucho más que la rentabilidad. "El aparato lo diseña
un ingeniero en Ohio, pero el que establece cómo se usa es
el joven y el chico", dice. "Son los chicos los que están
construyendo el verdadero uso y la aplicación exitosa, como
ocurrió con los SMS".
Omar Salvador, analista de la consultora de
telecomunicaciones Pyramid Research, de Washington,
coincide. Él, en cambio, lo enfoca en la otra punta del
sistema: las compañías telefónicas. "Los niños son,
básicamente, la nueva frontera para los operadores móviles",
dice. "Para ellos se trata de sembrar la semilla del futuro,
bajo el supuesto de que los niños van a tener alguna lealtad
para la marca". Una lealtad nada de infantil y que no se
relaciona precisamente con tarifas. En el caso de Perú,
menciona, el servicio de telefonía celular para niños
Movistar lo entrega por medio de un aparato Nokia 1600 o
5070, cuyo paquete ofrece el acceso a contenidos de Disney,
stickers de sus personajes y, si se trata de una usuaria,
una carcasa rosada. ¿Y si es un niño? Pueden optar por los
enérgicos Power Rangers. En Chile, la operadora Claro,
filial de la mexicana América Móvil, bajo la campaña de
marketing "Mi primer Claro", ofrece aparatos en los que
Mickey Mouse o Campanita, la inquieta hada que acompañaba a
Peter Pan, ocupan todo el dorso del aparato o, más sutil, si
se trata de la celebérrima Hello Kitty, una banda bajo la
pantalla.
Todo tiene un límite
Pero, se sabe, las tierras de la infancia no son
precisamente ni las de la responsabilidad ni las de
moderación ni las del discernimiento. Por ello, empresas
como Telefónica Móviles, por ahora al menos, prefieren
asociar su imagen de marca –si de menores se trata– a la
responsabilidad. "Se está trabajando en el uso responsable
de todo lo que es pantalla: tv, celular y pc", dice la
experta en tecnología informática María Bernardita González
Aldea, en Chile. "Los productos destinados a los niños deben
poseer un diseño y un ambiente sociofamiliar adecuado".
Porque, si bien el futuro no puede negarse, aprender de
quienes sufren sus contraindicaciones es sabio. Por ejemplo,
hace pocos días Hiroya Masuda, ministro de
Telecomunicaciones de Japón, pidió a las empresas
electrónicas el desarrollo de "celulares seguros para los
niños". No se refería a los estándares de emisión
electromagnética o de calor -tema de por sí todavía no
resuelto-, sino a teléfonos más limitados: que sólo posean
función de voz y GPS, los dos elementos esenciales para que
el celular opere como aparato que provee conectividad ligada
a seguridad.
Según Prince, estos pedidos van a caer en el vacío, a menos
que los padres los apoyen fuertemente. Si no es así "¿qué
puede cambiar? Sólo cosas menores: planes más limitados, sin
roaming a Rusia, o aparatos con botones de emergencia. Nada
más".
Se ve difícil que los niños acepten aparatos tan
monofuncionales. Quizás el contrincante más inesperado
contra la tendencia de bajar cada vez más la edad de uso sea
la emergencia de un incipiente movimiento contra la "hipercomunicación"
nacido en Europa. Prince lo resume así: "En Francia hubo
bastante rechazo a la aparición de niños de menos de 10 años
con celulares". El argumento es que el niño tenga su
infancia alejado de las presiones de estar "en onda".
No en Latinoamérica
Un argumento que pierde fortaleza frente al comportamiento
de los padres latinoamericanos. "En Argentina ya hay chicos
de ocho años, de clase alta, que usan celular", dice Prince.
"Sus padres se los pasaron: por esnobismo, por control,
porque pasan todo el día en actividades y quieren saber
dónde y cómo están".
¿Tendremos que acostumbrarnos entonces a que los bajitos nos
enseñen qué cosas nuevas hacer con nuestros
celulares-centros de diversión? Quizás los médicos sean la
última barrera. La mayor parte de los estudios que muestran
que el uso intenso de celulares no afecta a la salud se
hacen sobre la base de seguimientos de hasta tres años. Los
que se han realizado sobre una década han encontrado
evidencia no concluyente, pero en algunos casos algo
inquietante respecto de tumores raros de las glándulas
salivales, la nariz y estructuras profundas del oído, en el
lado que se suele usar el celular. Por ello, los
adolescentes y niños de hoy serán los primeros usuarios de
largo plazo en que se probará la inocuidad, o no, de los
celulares.
Habrá que ver cuántos padres piensan en este cambio radical
ante los gritos de sus infantes clamando por el teléfono
último modelo.
El impacto de la música
Un reciente informe de la empresa Pyramid, acerca de cómo
los usuarios de celulares de Latinoamérica se vuelcan
masivamente a aparatos con música precargada, muestra que la
expectativa es que, en 2012, el 58% de los teléfonos opere
como centros musicales. Y eso va a tener impacto en los
niños. En la región, Telcel, Movistar y Iusacell ya disponen
de terminales y contenidos especiales para el segmento
infantil y juvenil. La música comienza a emerger como un
diferencial de la competencia. Ya para los de más de 12
años, Movistar ofrece terminales ligadas a High School
Musical Nº 2, un musical para adolescentes.
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