"Amarte como me amo a mi mismo es buscar
oirte como quisiera ser escuchado al igual
que comprenderte como quisiera ser
comprendido."
David
Augsburger
Su nombre era Srta. Rodríguez. Mientras
estuvo al frente de su clase de 5º grado, el
primer día de clase lo iniciaba diciendo a
los niños una mentira.
Como la mayor parte de los profesores, ella
miraba a sus alumnos les decía que a todos
los quería por igual. Pero eso no era
posible, porque ahí en la primera fila,
desparramado sobre su asiento, estaba un
niño llamado: Pepe Sánchez.
La Srta. Rodríguez había observado a Pepe
desde el año anterior y había notado que él
no jugaba muy bien con otros niños, su ropa
estaba muy descuidada y constantemente
necesitaba darse un buen baño.
Pepe comenzaba a ser un tanto desagradable.
Llegó el momento en que la Srta. Rodríguez
disfrutaba al marcar los trabajos de Pepe
con un plumón rojo haciendo una gran X y
colocando un cero muy llamativo en la parte
superior de sus tareas.
En la escuela donde la Srta. Rodríguez
enseñaba, se le requería revisar el
historial de cada niño. Ella dejó el
expediente de Pepe para el final.
Cuando ella revisó su expediente, se llevó
una gran sorpresa. La Profesora de primer
grado había escrito: “Pepe es un niño muy
brillante con una sonrisa sin igual. Hace su
trabajo de una manera limpia y tiene muy
buenos modales... es un placer tenerlo cerca".
Su profesora de segundo grado escribió:
“Pepe es un excelente estudiante, se lleva
muy bien con sus compañeros, pero se nota
preocupado porque su madre tiene una
enfermedad incurable y el ambiente en su
casa debe ser muy difícil".
La profesora de tercer grado escribió: "Su
madre ha muerto, ha sido muy duro para él.
Él trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su
padre no muestra mucho interés y el ambiente
en su casa le afectará pronto si no se toman
ciertas medidas".
Su profesora de cuarto grado escribió: “Pepe
se encuentra atrasado con respecto a sus
compañeros y no muestra mucho interés en la
escuela.
No tiene muchos amigos y en ocasiones duerme
en clase".
Ahora la Srta. Rodríguez se había dado
cuenta del problema y estaba apenada con
ella misma. Ella comenzó a sentirse peor
cuando sus alumnos les llevaron sus regalos
de Navidad, envueltos con preciosos moños y
papel brillante, excepto el de Pepe. Su
regalo estaba mal envuelto con un papel
amarillento que él había tomado de una bolsa
de papel.
A la Srta. Rodríguez le dio pánico abrir ese
regalo en medio de los otros presentes.
Algunos niños comenzaron a reír cuando ella
encontró un viejo brazalete y un frasco de
perfume con sólo un cuarto de su contenido.
Ella detuvo las burlas de los niños al
exclamar lo precioso que era el brazalete
mientras se lo probaba y se colocaba un poco
del perfume en su muñeca. Era el mejor
regalo que le habían hecho los niños en toda
su vida profesional.
Pepe se quedó ese día al final de la clase
el tiempo suficiente para decir:
“Srta. Rodríguez, el día de hoy usted huele
como solía oler mi mamá".
Después de que el niño se fue ella lloró por
lo menos una hora...
Desde ese día, ella dejó menos horas en
enseñarles a los niños aritmética, a leer y
a escribir.
En lugar de eso, comenzó a educar a los
niños. La Srta. Rodríguez puso atención
especial en Pepe.
Conforme comenzó a trabajar con él, su
cerebro comenzó a revivir. Mientras más lo
apoyaba, él respondía más rápido.
Para el final del ciclo escolar, Pepe se
había convertido en uno de los niños más
aplicados de la clase y a pesar de su
mentira, de que quería a todos sus alumnos
por igual, Pepe se convirtió en uno de los
“consentidos” de la maestra.
Un año después, ella encontró una nota
debajo de su puerta, era de Pepe, diciéndole
que ella había sido la mejor maestra que
había tenido en toda su vida. Seis años
después por las mismas fechas, recibió otra
nota de Pepe, ahora escribía diciéndole que
había terminado la selectividad, siendo el
tercero de su clase y ella seguía siendo la
mejor maestra que había tenido en toda su
vida.
Cuatro años después, recibió otra carta que
decía que a pesar de que en ocasiones las
cosas fueron muy duras, se mantuvo en la
Universidad y pronto se graduaría con los
más altos honores. Él le reiteró a la Srta.
Rodríguez que seguía siendo la mejor maestra
que había tenido en toda su vida y su
favorita.
Cuatro años después recibió otra carta. En
esta ocasión le explicaba que después de que
concluyó su carrera, decidió viajar un poco.
La carta le explicaba que ella seguía siendo
la mejor maestra que había tenido y su
favorita, pero ahora su nombre se había
alargado un poco, la carta estaba firmada
por José Sánchez., Doctor en Medicina.
La historia no termina aquí, existe una
carta más que leer, Pepe ahora decía que
había conocido a una chica con la cual iba a
casarse.
Explicaba que su padre había muerto hacía un
par de años y le preguntaba a la Srta.
Rodríguez si le gustaría ocupar en su boda
el lugar que usualmente es reservado para la
madre del novio, por supuesto la Srta.
Rodríguez aceptó y adivina...
Ella llegó usando el viejo brazalete y se
aseguró de usar el perfume que Pepe
recordaba que usó su madre la última Navidad
que pasaron juntos. Se dieron un gran abrazo
y el Dr. Sánchez le susurró al oído,
"Gracias Srta. Rodríguez por creer en mí.
Muchas gracias por hacerme sentir importante
y mostrarme que yo puedo hacer la diferencia".
La Srta. Rodríguez con lágrimas en los ojos,
tomó aire y dijo, “Pepe, te equivocas, tú
fuiste el que me enseñó a mí que yo puedo
hacer la diferencia. No sabía cómo educar
hasta que te conocí".
"Los amigos son Ángeles que nos
levantan sobre nuestros pies, cuando
nuestras alas tienen problemas para
recordar cómo volar".
PARA MIS AMIGOS