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La
explicación más sencilla de un hombre no es la de otro hombre.
Hace años, el folklorólogo Bertrand Méheust "demostró" la
correlación existente entre las antiguas apariciones de OVNIs
de los años ´40 y ´50 y relatos de ciencia ficción de
principios de siglo. Esto parecía zanjarlo todo. Sólo que
quedaba un problema que Méheust sugestivamente ignora: la
absoluta improbabilidad que un campesino tejano de los ´50
hubiera leído, por caso, un relato de ciencia ficción
publicado en alemán -y nunca traducido- en una revista de
cuarenta años antes.
Algunas de estas reflexiones pueden ser extendidas también al
campo de la abducción. Es difícil creer que las particulares
descripciones concordantes de los secuestrados en cuanto a ser
coincidentes en detalles de, por ejemplo, el instrumental
quirúrgico que se empleó sobre sus cuerpos respondan a un
arquetípico modelo de escalpelo cósmico.
La avanzada psicologista, empero, se encoge de hombros y aduce
la riqueza de recursos de la imaginación humana. Citan, en su
concurso, los experimentos con voluntarios hipnotizados que
fueron invitados a "imaginar" el secuestro a bordo de un OVNI,
y la estrecha correspondencia de sus descripciones con los
relatos dados como "reales". De allí a deducir que los
abducidos lo imaginan todo, hay sólo un paso. Pero es un paso
en falso.
Porque, en primer lugar, puedo invertir la carga de la prueba
de los mismos psicologistas y sostener que si se presupone que
los testigos de apariciones OVNI toman el material de la
cultura dominante para fraguar (aunque sea involuntariamente)
sus "visiones", pues con más razón pueden hacer lo mismo los
voluntarios de estas experiencias (generalmente estudiantes
universitarios deseosos de ganar unos dólares, amas de casa de
mediana formación interesadas en ocupar sus tiempos libres en
actividades estimulantes; pero nunca atareadísimos pastores
montañeses), más aún, y como los mismos expertos saben, en un
nivel profundo deseosos de complacer al controlador de la
experiencia.
Pero el segundo detalle significativoes que las descripciones
concomitantes surgen con individuos hipnotizados, y no con los
que no lo están. Al margen de que aún desconocemos casi todos
los mecanismos que operan en ese eclipse de la conciencia que
es la hipnosis, a la cual los mismos críticos señalan como
herramienta poco fiable en la investigación ufológica, es
significativo que dicha correspondencia (entre la anécdota
real y el trance inducido) ocurra precisamente en ese estado.
Aunque también podríamos decir, que más que construir escenas
irreales con material profundamente inconsciente, estos
experimentos establecen incuestionablemente la aptitud de los
sujetos hipnotizados para reproducir, no a grandes rasgos sino
con intrincados pormenores, argumentos a los que no habrían
tenido acceso por medios convencionales. En el estado de
hipnosis -y es razonable conjeturar que otros estados pueden
servir igualmente bien- los sujetos parecen poder obtener
acceso a material por medios que no son físicos ni sensibles,
y reestructurar luego ese material sobre una base creativa y
selectiva, usándola para urdir un relato dramático, a la
medida de lo que se les pide.
Como sabemos, el fenómeno Psi, cuando ocurre, no cumple muchas
de las condiciones de las energías físicas. Yo puedo
protagonizar un episodio de telepatía con el señor que está al
fondo del salón sin que nadie en los puntos intermedios
perciba o interfiera con lo que estamos haciendo. O puedo
actuar -es un decir, claro-
telekinéticamente sobre la lapicera que tengo al otro lado del
escritorio sin que resulten afectados, por caso, el ratón, el
teclado, el teléfono, la pila de CDs o mi pipa que están entre
esa lapicera y yo. La ingeniera Carolina Grashoff me propuso
una explicación "sencilla": un mecanismo de sintonía. Así, si
movemos esa lapicera y no otra, si contacto telepáticamente
con ese caballero y nadie más es que por alguna razón que se
me escapa, hay una afinidad, una correspondencia, diría
Carolina -ingeniera al fin- una capacidad de sintonización.
Pero, en definitiva, ¿una sintonización con qué?. Y así, como
el dial de la radio nos permite sintonizar distintas "frecuencias"
-niveles- en las cuales se expresa un mundo diferente de
sonidos, creo posible que esa capacidad de "sintonización" sea
con un plano, una dimensión o un orden distinto de Realidad.
Otra vez, el cerebro, entonces, no produciría el fenómeno,
sino que, como transductor, lo calibraría.
Aún cuando muchos crean que es más cómodo acudir a una
explicación alucinatoria. Pero el punto es que más a menudo se
echa mano a las alucinaciones como explicación que la
probabilidad que las mismas sean las responsables, en
principio, porque los cuadros alucinatorios requieren de
patologías muy específicas y nunca se producen una sola vez en
la vida, sino que tienen una recurrencia muy particular. Así
que cuando un testigo dice estar viendo un OVNI que no es
percibido por un circunstancial compañero, estamos aquí ante
otra coincidencia fenomenológica entre OVNIs y Parapsicología.
Mi opinión personal es que Psi y OVNIs pertenecen, con matices,
al mismo ámbito. Detrás de los OVNI deduzco la presencia de
una Inteligencia o Inteligencias; detrás de los fenómenos Psi
no, pero sí, por el contrario, la acción multifacética de
fuerzas. Creo que en ese ámbito del que estaba hablando, las
fuerzas que en él operan se manifiestan en el nuestro como
fenómenos Psi, y las inteligencias que en él habitan se
presentan en el nuestro con la mascarada OVNI. Creo que lo que
llamamos "OVNI" es un ente proteiforme que se adapta a las
necesidades emocionales de quien lo percibe. Y como toda
conducta demuestra la presencia de una inteligencia, y así
como toda conducta tiene una motivación y un objetivo, el
exacerbar las necesidades emocionales de los testigos tiene
que tener también su razón de ser.
Pero no nos apresuremos.
Ese ámbito del que he hablado lo concibo como un orden
distinto de Realidad. Un plano Trascendente a aquél en que
ocupamos. Y así comenzará a tener sentido el título de este
trabajo. |