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Para
Reflexionar
por
Leonardo Esteban Cano |
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Decir lo que
pensamos
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Caemos
muchas veces en el error de no expresar con sinceridad
nuestros sentimientos a la persona que queremos por miedo a
que se mal interpreten o por no parecer débiles, y lo que
conseguimos es crear un vacío en nuestra relación.
Si tuviera que definir una palabra mágica para que una pareja
funcione, sin duda sería LIBERTAD con mayúsculas, querer a una
persona no es poseerla, cercarla o pretender que sea un
añadido de nosotros mismos. Las parejas que mejor se llevan o
que más tiempo duran son aquellas que han aprendido a dejar un
espacio libre entre ambos. No es fácil llegar a este punto sin
fricciones ni problemas pero vale la pena intentarlo. En esa
libertad, está la de discutir sobre diferentes temas y exponer
lo que nos gusta o deseamos de nuestra pareja, pero ¡cuidado!,
en la expresión de ese deseo o necesidad no debemos traspasar
una línea que la convierta en una orden, porque ahí estaríamos
vulnerando la libertad del otro de negarse por los motivos que
sean, tan válidos y respetables como los nuestros.
Hay que aprender a llegar a un equilibrio entre lo que damos y
recibimos, ninguno de los dos debe sentirse en una situación
de subordinación ni de demasiado halago por parte del otro
porque ahí se cae en una desproporción que acaba suponiendo
una carga, distinta en cada caso, pero una carga al fin y al
cabo que no deja disfrutar de la relación plenamente.
Es bueno enfadarse de vez en cuando, liberarnos de toda la
rabia que sentimos hacia una situación o hacia nuestra pareja
cuando no se comporta como queremos o esperamos de ella. Una
liberación controlada de nuestros sentimientos no es negativa,
al contrario, pero debemos siempre controlar esas descargas.
Si podemos exteriorizar todo aquello que nos perturba o nos
molesta, seguramente podremos arreglarlo con más facilidad
sólo porque lo compartimos. Y después de un enfado, de una
situación tensa donde hemos descargado adrenalina, nuestro
cuerpo es capaz de relajarse y de escuchar o analizar el
origen de ese enfado.
Muchas parejas continúan juntos muchos años por dejadez,
costumbre o por dependencia y se hacen mayores sin
comprenderse, sin quererse realmente. Cuando uno se da cuenta
de que esto está ocurriendo hay tomar las riendas y ser capaz
de afrontarlo, no basta con castigar al otro con enfados
continuos o con agresiones indirectas como olvidar fechas
importante, no prestar la debida atención cuando nos habla o
incluso no queriendo practicar sexo. Con esta actitud nos
castigamos a nosotros mismos con la infelicidad de compartir
nuestra vida con alguien a quien no comprendemos ni nos
comprende.
Llegados a este último punto, si no nos decidimos a abandonar
nuestra vida ni a la persona con quien estamos, es
imprescindible buscar ayuda fuera y esta ayuda consistirá en
ayuda profesional de psicólogos especializados en temas de
pareja que puedan encauzar el problema y tratar de dar una
solución. |

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