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Diabetes y
ejercicio |
El
ejercicio físico es parte integral del tratamiento de la
diabetes. Además de las ventajas que a corto plazo aporta su
práctica (descenso de la glucemia, disminución de las
necesidades de insulina....) es beneficioso también a largo
plazo sobre el metabolismo lipídico, tensión arterial y
actividad cardiaca, es decir mejora los factores de riesgo
de arteriosclerosis.
Hay que tener en cuenta que mientras que el ejercicio físico
puede ser beneficioso realizado por pacientes con diabetes
tipo 1 bien controlados, en los mal controlados puede dar
lugar a complicaciones como incremento de la glucemia e
incluso aparición de cetosis.
Todos los niños y adolescentes con diabetes bien controlada
deben ser instruidos para hacer ejercicio regular como parte
integral de su tratamiento. Las recomendaciones deben ser
individualizadas, hay que tener en cuenta el grado de
control de la enfermedad, tipo de tratamiento y capacidad de
autocontrol. La tolerancia al ejercicio del niño y
adolescente diabético es semejante a la de los sujetos de su
misma edad.
Durante el ejercicio, en un sujeto no diabético, se produce
una disminución de la insulina y un aumento de glucagón lo
que permite la liberación hepática de glucosa. Para
preservar la función del sistema nervioso central los
niveles de glucemia se mantienen bastante estables durante
el ejercicio.
Si en el momento en que se realiza el ejercicio los niveles
de insulina son
bajos y hay una excesiva liberación de las hormonas
contrainsulares (glucagón, adrenalina,...) se incrementan
los niveles de glucemia y de cuerpos cetónicos e incluso se
puede precipitar una cetoacidosis diabética.
Si en el momento del ejercicio hay un exceso de insulina, se
impide o disminuye la liberación hepática de glucosa y se
puede precipitar la hipoglucemia. |
La información de esta
página no pretende substituir el consejo médico.
Consulte a su médico ante cualquier duda sobre su salud o antes de
iniciar una nueva terapia, dieta o programa de ejercicio físico.
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