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Para que un vehículo pueda circular de noche es
imprescindible iluminar el camino por el que transita, así como que el resto de los usuarios puedan verlo por detrás.
Por esta causa es necesario que el vehículo disponga de las luces delantera y traseras reglamentarias.
Los vehículos deben tener dos luces blancas en la parte delantera y dos o cuatro proyectores de largo alcance. En la parte trasera incorporarán dos
luces rojas, iluminación de la placa de la matrícula y dos receptores o catadióptricos rojos.
El tamaño, posición, separación y potencia de las luces están regulados
internacionalmente así como el uso de los faros auxiliares, de niebla, etc.
Debido a la importancia que entraña el alumbrado, debe procederse periódicamente a su mantenimiento.
Para ello deberá verificarse si la intensidad luminosa es escasa o no, mediante una prueba en ruta o con un fotómetro, cambiándose las lámparas si fuera necesario.
Los reflectores han de ser comprobados, ya que su superficie brillante debe estar en perfectas condiciones y exenta de polvo.
Un reflector sucio, picado o sin brillo atenúa la intensidad luminosaNunca se tocará la superficie reflectante, pues el empañamiento que se produce
hace disminuir la reflexión.
La conexiones eléctricas hasta el mando de luces también se verificarán, ya que una conexión
defectuosa o floja podría ser causa de avería, también se verificarán las conexiones a masa.
Por último, efectuaremos un reglaje periódico de los faros, con el fin de disponer en todo momento de un enfoque correcto de estos.
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