INDICE
EDITORIAL
TELEFONOS UTILES
POESIA
RICO Y SANO
SECCION FIERROS
SECRETO DE MUJER
NUESTRA SALUD
HUMOR PARA TODOS
SERVICIOS VARIOS
HOROSCOPO
PARA REFLEXIONAR
NOTAS
DATOS CURIOSOS
FARMACIAS
INFORMÁTICA
CONSULTAS
Votame_hace_click_aqui










 

Para Reflexionar    por Leonardo Esteban Cano

OVNIs El miedo como prueba

Trato de enunciar la teoría de que la experiencia de abducción ocurre físicamente pero en un plano distinto de la Realidad al cual se accede a través de estados alterados de conciencia donde se "recrea", se teatraliza una experiencia que es en sí "alucinatoria" y enmarcada dentro de los cánones culturales del protagonista tanto para hacerla perceptible como asimilable y reducir su efecto traumático. O, mejor aún, dejar libertad a la atención en focalizarse en los necesarios aspectos traumáticos de miedo y dolor de la experiencia, útiles a la consecución de los fines buscados por la o las inteligencias que se mueven detrás del episodio.
Y me baso en dos aspectos fundamentales: la sensación de terror y pánico de la experiencia (común y buscada adrede en las experiencias iniciáticas) y el dolor seguramente innecesario provocado en los "experimentos médicos" llevados a cabo.
Vuelo, miedo, dolor... tres constantes comunes a la experiencia de abducción y el éxtasis del shamán. La decadencia del shamanismo actual constituye un fenómeno histórico, que se explica en parte por la historia religiosa y cultural de los pueblos arcaicos. Pero en las tradiciones a las que hemos de aludir se remite a otra cosa, a saber, al mito de la decadencia del shamán, que no es lo mismo, por cuanto se pretende transmitir generacionalmente que en otros tiempos el shamán no volaba al cielo en éxtasis, sino materialmente, la "ascensión" no se hacía en espíritu, sino en cuerpo. La actitud "espiritual" significa, pues, una caída en comparación con la situación anterior, donde el éxtasis no era preciso porque no existía posibilidad de separación entre el alma y el cuerpo, es decir que no existía muerte alguna. Es la aparición de la Muerte lo que ha roto la unidad del hombre integral, separando el alma del cuerpo y limitando la supervivencia únicamente al principio "espiritual". En otros términos, para la ideología primitiva, la experiencia mística actual es inferior a las experiencias sensible del hombre primordial. Esto habla claramente de que la naturaleza del hombre -o de algunos hombres- en ese entonces, en esa Edad de Oro era otra. Y si la Edad de Oro es asimilable al Paraíso, tal vez remita al recuerdo tergiversado y desvirtuado de un origen estelar. Porque de lo que hablan todos los antiguos mitos es que, detrás del estado de "perfección primigenia", una catástrofe vino a interrumpir las comunicaciones entre el Cielo y la Tierra, y es desde entonces que data la condición actual del hombre quien, antes, convivía con los dioses.

"Su concepción está estrechamente ligada a ciertos prejuicios modernos, y no insistiremos aquí en todo lo que hemos dicho al respecto en otras ocasiones. En realidad, cuando se trata, como ocurre casi siempre, de elementos tradicionales, en el verdadero sentido de la palabra, por más deformados, menguados o fragmentados que puedan estar a veces, y de cosas poseedoras de valor simbólico real, aunque, a menudo, disimulado bajo una apariencia más o menos «mágica» o «fantástica», todo esto, lejos de tener un origen popular, no es, en definitiva, ni siquiera de origen humano, porque la tradición se define precisamente, en su misma-esencia, por su carácter suprahumano. Lo que puede ser popular es únicamente el hecho de la «supervivencia», cuando estos elementos pertenecen a formas tradicionales desaparecidas; y, a este respecto, el término «folklore» adquiere un significado bastante próximo al de «paganismo», teniendo sólo en cuenta la etimología de este último y quitándole la intención polémica e injuriosa. El pueblo conserva así, sin comprenderlos, los residuos de tradiciones antiguas, que se remontan incluso a veces a un pasado tan lejano que sería imposible determinarlo exactamente y que nos contentamos con remitir, por esta razón, al terreno nebuloso de la «prehistoria»; llena en esto la función de una especie de memoria colectiva más o menos «subconsciente», cuyo contenido proviene manifiestamente de otra parte. Lo que puede parecer más asombroso es que, cuando se va al fondo de las cosas, se comprueba que lo que se ha conservado de ese modo contiene sobre todo, bajo una forma más o menos velada, una suma considerable de datos de orden propiamente esotérico, es decir, precisamente lo que es menos popular por naturaleza. De este hecho sólo existe una explicación plausible: cuando una forma tradicional está a punto de extinguirse, sus últimos representantes pueden muy bien confiar voluntariamente a este memoria colectiva de la que acabamos de hablar lo que de otro modo se perdería irremisiblemente; éste es, en suma, el único modo de salvar lo que puede serlo en una cierta medida; y, al mismo tiempo, la incomprensión natural de la masa es una garantía suficiente de que lo que poseía un carácter esotérico no por ello será desposeído del mismo, permaneciendo solamente, como una especie de testimonio del pasado, para aquellos que, en otros tiempos, serán capaces de comprenderlo.



VOLVER


Impresiones
Gráficas

Carteles

Serigrfía

Ploteo

 Diseño Leonardo E. Cano