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Para
Reflexionar
por
Leonardo Esteban Cano |
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El jardin del profeta |
Maestro,
me inspira temor el tiempo. Pasa sobre nosotros y nos roba la
juventud. Y, ¿qué nos da a cambio?
Y el profeta le contestó:
Toma un puñado de buena tierra. ¿Encuentras en ella una
semilla, acaso un gusano? Si tu mano fuera suficientemente
espaciosa, y paciente la semilla podría convertirse en bosque,
y el gusano, en una bandada de ángeles. Y no olvides que los
años, que transforman las semillas en bosques y los gusanos en
ángeles, pertenecen a este ahora; todos los años son de este
mismo ahora.
Y, ¿qué son las estaciones de los años, salvo vuestros
pensamientos en cambio constante? La primavera es un despertar
en vuestro pecho, y el verano sólo es el reconocimiento de
vuestra fecundidad. ¿No es el otoño lo antiguo que hay en
vosotros, cantando una canción de cuna a lo que aún es niño en
vuestro ser? Y, ¿qué es el invierno? -os pregunto-, sino un
sueño, pletórico de los sueños de las demás estaciones?
Mira los parásitos, maestro. ¿Qué nos dices de ellos?
Y el profeta le contestó:
Amigo mío, todos somos parásitos. Nosotros, los que trabajamos
para que el suelo fértil se convierta en vida pulsante, no
somos mejores que los que reciben la vida directamente del
suelo abonado, sin saber que la reciben del suelo.
¿Dirá una madre a su hijo: Te devuelvo al bosque, que es tu
madre mayor, pues gastas mi corazón y mi mano?
¿O rechazará el cantor su propia canción, diciendo: Vuelve
ahora a la cueva de los ecos de donde viniste, porque tu voz
consume mi aliento?
¿Y dirá el pastor a sus ovejas: No tengo pastos adonde
llevaros a pacer; por lo tanto, que os degüellen, y que seáis
un sacrificio para esta causa?
No, amigo mío; todas estas cosas tienen una respuesta obvia,
y, como vuestros sueños, se colman cuando estáis dormidos.
Vivimos unos de otros, según la Ley antigua e intemporal.
Vivamos así, con amorosa bondad. Nos buscamos unos a otros en
nuestra sociedad, y caminamos por los caminos cuando no
disponemos de un hogar a cuya vera sentarnos.
Amigos míos, hermanos míos, el camino más anchuroso es vuestro
prójimo.
Estas palabras que viven del árbol succionan la leche de la
tierra en la dulce calma de la noche, y la tierra, en su
tranquilo sueño, succiona los pechos del Sol.Y el Sol, como
vosotros, como yo, como todo ser y ,toda cosa, se sienta con
igual honor en el banquete del Príncipe cuya puerta siempre
permanece abierta, y cuya mesa siempre está dispuesta.
Amigos míos, todo lo que es, vive siempre de todo lo que es; y
todo lo que existe vive confiado, sin playas limitantes, de la
magnanimidad del Altísimo.
Maestro, háblanos del ser. ¿Qué significa ser?
El Profeta le dedicó una larga mirada de amor. Y se puso en
pie, y dio unos pasos, a cierta distancia de ellos; luego,
regresó y dijo:
En este jardín yacen mi padre y mi madre, enterrados por las
manos de los vivientes; y en este jardín yacen enterradas las
semillas del año pasado, traídas aquí en alas del viento.
Mil veces serán enterrados aquí mi madre y mi padre, y mil
veces el viento enterrará semillas; y dentro de mil años,
vosotros, y yo, y estas flores, nos reuniremos en este jardín,
como ahora, y seremos, con nuestro mismo amor por la vida, y
seremos, soñando en el espacio, y seremos, alzándonos hacia el
sol.
Pero ahora, ser es ser sabios, mas no ajenos a los insensatos;
es ser fuertes, más no insensibles a los errores del débil; es
jugar con vuestros niños, pero no como padres, sino como
compañeros de juego, dispuestos a aprender sus juegos.
Ser es ser simples, afables con los ancianos y las ancianas, y
sentarse con ellos a la sombra de sus antiguos robles, aunque
todavía estéis caminando con la Primavera.
Es buscar al poeta, aunque esté vivo más allá de siete ríos, y
estar en paz en su presencia, sin querer nada, sin dudar de
nada, y sin preguntas en vuestros labios.
Es saber que el santo y el pecadór son hermanos gemelos, cuyo
padre es nuestro Magnánimo Rey, que aquél nació en instantes
antes que el otro, por lo que lo consideramos como el Príncipe
Coronado.
Ser es seguir a la Belleza, aunque os conduzca al borde del
precipicio, y aunque ella es alada, y vosotros no, y aunque
vaya más allá del borde del precipicio, seguidla; porque donde
no hay Belleza, no hay nada.
Es ser robado, engañado, decepcionado, y, ¡ay!, incluso ser
conducido a una trampa, y tener que soportar las burlas del
burlador, y, sin embargo, mirar desde las alturas del ego
superior y sonreír, sabiendo que hay una Primavera que acudirá
a vuestro jardín para danzar con vuestras hojas, y un Otoño
que hará madurar vuestras vides; sabiendo que si una sola de
vuestras ventanas está abierta hacia el Oriente, nunca
estaréis vacíos; sabiendo que todos aquellos a quienes se
considera ladrones y malhechores; engañadores y burladores,
son vuestros hermanos en necesidad, y que acaso vosotros
mismos sois como todos éstos, a los ojos de los benditos
habitantes de la Ciudad Invisible, que se erige por encima de
esta ciudad.
Ser es ser un tejedor con dedos que ven, un constructor
conciente de la luz y el espacio; es ser un labrador y sentir
que se está escondiendo un tesoro en cada semilla que se
siembra; es ser un pescador y un cazador con piedad por el pez
y la bestia, pero con mayor piedad por los hambrientos y por
las necesidades del hombre.
Y, más que nada, os digo esto: Quisiera que todos y cada uno
de vosotros fuérais partícipes del propósito de cada hombre,
pues sólo así podréis esperar el logro de vuestro buen
propósito.
Compañeros y amados amigos míos, sed osados, y no débiles; sed
espaciosos, y no confinados, y hasta vuestra hora final, sed
verdaderamente vuestro ego más vasto.
Y dejó de hablar, y una gran tristeza se apoderó de los nueve
discípulos, y sus corazones se alejaron del profeta, pues no
entendieron las palabras que acababa de pronunciar...
GIBRÁN KHALIL GIBRÁN |
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